Noches inexplicables

Lo confirmo. Existen esas noches de fiesta en las que todo es surrealista, y ocurren cosas que jamás pensabas que podían llegar a pasar en tan sólo una noche.
   Dícese de lo que parecía ser una tranquila noche de sábado, entre amigos, tomando unas copas y, cómo no en mi caso, bailando.
   El dueño del bar nos dio a probar un chupito de la casa: y ¡madre mía qué chupito! Eso parecía ser un trozo de cielo en tu boca…. El dueño pensaba patentarlo y nos preguntó nuestra opinión. Cómo no, me volví loca con el sabor, dulce y suave a la vez. Una maravilla.
   Os lo recomiendo, el local se llama “la Galería” y está en la calle del Prado 13, metro Sevilla (Madrid). Y el chupito se llama, o aspira a llamarse en un futuro el “Galería”, aunque yo más bien lo hubiera llamado el orgasmo-chupito jaja!!! Y todo con un toque de canela por encima…..en serio, me pasé todo el rato pidiéndole y creo que me tomé como 3 a base de llevar a gente nueva para que lo probara y de rebote me diera a mí otro 
   A eso de las 2, tocaba el change, y decidimos ir a otra discoteca en la que nos juraron que teníamos un reservado y que entrábamos gratis. Pero, y esto es matemático, ésa es la gran mentira de todas las noches. Siempre hay alguien que paga, normalmente los chicos, y somos nosotras las que, después de interceder y hacer auténticos esfuerzos mentales para acordarte del nombre del relaciones que te dio las listas, conseguimos entrar a duras penas. Es en ese momento cuando te sientes realizada de tal manera después de la proeza que acabas de hacer, que crees que te vas a comer el mundo, aunque en el fondo sabes que sois unos pringados más dentro de esa marabunta de gente. Pero eso sí, te acordaste del nombre de las listas yendo más pedo que Alfredo, aunque al pronunciarlo pareciese más bien un Carlos que un Marcos. 

Y luego que digan que las mujeres no sabemos hacer 2 cosas a la vez.


   Pero lo más asombroso fue que, al arrancar el coche, el lúcido conductor no se había percatado de que una persona no había terminado de entrar en el coche y, para colmo, le pilló el pie con la rueda. Sí, dolor. Pero no, mi amiga se mantuvo erguida diciendo que no era nada cuando su pie parecía el de un Big Foot. Eso es ser fuerte y lo demás es tontería. 
   Pues bien, con el pie amorfo de mi amiga sobre mi regazo y con la indecisión de dónde acabar la noche (el local no nos terminó de convencer después de todo), se inició una de esas conversaciones tontas que desafortunadamente acabó en una pelea monumental en la que, por suerte, no estuve implicada 
   Finalmente, dos de mis amigos se cabrearon tanto que cogieron un taxi por su cuenta mientras el señor conductor, mi amiga convaleciente y yo decidimos ir al hospital para que le miraran…..eso. 


   Por tanto, lo que al principio planeamos como una tranquila noche de sábado noche acabó siendo 3 colegas sentados en la sala de espera de urgencias esperando que atendieran a nuestra amiga. Pero aún así, nos sentíamos unos triunfadores recapitulando la asombrosa e inexplicable noche que habíamos pasado, a la par que sacábamos en una silla de ruedas a mi amiga, esta vez con el pie vendado y quejándose como una viejecita de la incompetencia de los médicos de urgencias.
   A todo esto, llegué a casa a las 6 de la mañana, pero he de decir que a pesar de todo me lo pasé bien y, eso sí, será de las pocas veces que llegué más o menos decente a casa porque apenas me había dado tiempo a desfasar. Con lo cual, divina y muerta de cansancio, escribo esta historia para demostrar que 

lo que empieza con un buen chupito, no se sabe cómo puede acabar.

Ir al post original

Marzo 14th, 2011 by